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Yogur casero

El yogur es rico en calcio, más fácilmente asimilable que el de la leche. Tolerable en las intolerancias a la lactosa de cualquier origen. Colabora en el crecimiento de la flora intestinal propia que impide la entrada de agentes infecciosos en el organismo a través de las paredes intestinales. Impide el inicio de diarreas por ejemplo por el uso de antibióticos y colabora en su detención. Aporta vitaminas de generación propia (vitamina A, B2, B12) que no estaban en la leche original. Es en el yogur casero donde encontramos, mayormente, estos beneficios intestinales. Los yogures industriales cuajan demasiado rápido y contienen menor cantidad de fermento vivo.

Legalmente, en España, el yogur es una leche coagulada obtenida por la fermentación láctica mediante la acción combinada de las bacterias lácticas: Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus termophilus. Estos microorganismos productores de la fermentación deben ser viables y estar en una cantidad mínima de 10 millones de colonias por gramo o mililitro. No se puede llamar yogur a aquellos postres lácteos que no lleven estas bacterias vivas y en las proporciones anteriormente citadas.

No se debe confundir el yogur con otros postres lácteos envasados de forma similar pero que no necesitan conservarse en el frigorífico. Estos últimos fueron inicialmente yogures pero al sufrir un proceso de pasteurización o similar muere todo su fermento convirtiéndose en un postre lácteo sin fermento vivo, por lo tanto sin los beneficios intestinales del yogur.

Sugerimos el siguiente menú equilibrado: paella, ensalada y yogur

Foto de la receta

Ingredientes

  • ½ yogur ya hecho (comercial o casero)
  • 1 l leche
Personas: 8  
Tiempo: 5 minutos  
Dificultad: Muy fácil

Para preparar yogur casero, menea ½ yogur en un cazo, añade la leche y menea un poco más. Caliéntalo (solo en invierno y la leche está recién salida del frigorífico) hasta que esté a la temperatura corporal, probando la temperatura dejando caer una gota sobre la parte interna de la muñeca. Envásalos y déjalos fermentar, destapados los envases pero tapada la yogurtera eléctrica, durante 10 ó 12 horas (si están más tiempo espesarán más). Si no dispones de yogurtera prueba a hervir agua en una olla de fondo grueso y coloca los envases en ella vacía y tapada, puedes calentarla ligeramente sobre el fuego a las 4 ó 5 horas si no están hechos todavía. una vez hechos, déjalos enfriar, tapa y guárdalos en el frigorífico.

Las cantidades son meramente orientativas, hay mucho margen. Elige la marca de yogur que más te guste y tu leche preferida. Puedes hacerlos con leche entera o desnatada, añadiendo leche en polvo para enriquecerlos o azucarándolos. También puedes hacerlos con mermelada o fruta confitada pero nunca con fruta cruda pues se contaminarían con otros microorganismos.

Puedes utilizar envases de vidrio, plástico o acero. Los yogures se conservan tapados durante 2 ó 3 semanas en el frigorífico pues su medio ácido impide la anidación de otros microorganismos.

Los yogures no se pueden hacer en el microondas, pues sus radiaciones matarían, probablemente todos los microorganismos vivos. En cualquier caso, los yogures no se cocinan sino que se cultivan y ésto requiere un tiempo prolongado, de varias horas.

Publicado el Categorías Postres

Acerca de Ana González-Román Ferrer

Diplomada en Nutrición humana y dietética por la Universidad de Barcelona. Postgrado en fitoterapia: plantas medicinales y salud por la Universidad de Barcelona.

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