El efecto rebote, o efecto yo-yó, es la temida recuperación del peso perdido tras una dieta de adelgazamiento. El análisis de la situación de la que se parte nos permite pronosticar el efecto rebote, y por ello poner todo nuestro empeño en evitarlo.
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MITOS Y MENTIRASLa mejor dieta de adelgazamiento no es la que consigue una mayor pérdida de peso sino, la que educa para que el peso perdido no se vuelva a ganar. Eso solo se consigue con la reeducación alimentaria. El efecto rebote tras una dieta de adelgazamiento consiste en la recuperación, incluso su superación, del peso perdido, en la búsqueda del nuevo equilibrio ponderal.
A la hora de valorar la posibilidad de que aparezca un efecto rebote tras la dieta de adelgazamiento, hay que tener en cuenta la situación de la que partes antes de la dieta. Existen diferentes posibilidades:
En función de la situación de la que partes, las posibilidades de que aparezca el efecto rebote y que éste sea más o menos importante serán distintas:
El efecto rebote es tanto más importante cuanto más rápidamente se pierda el peso y cuanto menos se haya incidido en la educación alimentaria. Existen todo tipo de dietas de adelgazamiento:
Cuando queremos adelgazar, lo que buscamos es una pérdida de masa grasa pero, en realidad también podemos perder masa muscular (depleción proteica) de forma involuntaria. La mejor manera de evitarlo es haciendo ejercicio físico durante el tiempo que dure la dieta. Con él, conseguiremos generar masa muscular para compensar su consumo (pérdida) a la par que, aumentamos el gasto de masa grasa.
En cambio, cuando engordamos rápidamente tras una dieta de adelgazamiento, el organismo recupera el peso perdido en forma de grasa. Es decir, la masa muscular se genera mientras que, la masa grasa se almacena. Las proteínas generan músculo cuando éste se estimula mientras que, el exceso energético (las calorías) no utilizado, solo se almacena en forma de grasa.
Las dietas muy estrictas (inferiores a 1200 Kcal) no garantizan un aporte suficiente de determinados nutrientes (vitaminas y minerales). De la misma manera, las dietas folclóricas o que restringen determinados grupos de alimentos también son insuficientes en estos nutrientes no energéticos. Cuando se abandona la dieta, el organismo responde buscando "desesperadamente", aquellos nutrientes que le faltaron durante la restricción. Pero los nutrientes que busca no están solos sino que, forman parte de los alimentos y éstos proporcionan también nutrientes energéticos (hidratos de carbono, proteínas y grasa). Es por ello que, estos tipos de dietas producen un efecto rebote mayor.
Si el efecto rebote se manifiesta a través de la recuperación del peso perdido pero, solo en forma de masa grasa, es evidente que la situación ya no es la misma que antes de perder peso sino que ahora el perfil lipídico del organismo habrá cambiado significativamente. Ahora las proporciones del organismo han cambiado disminuyendo la masa muscular el favor de la masa grasa. Ello explica el porqué del aumento del riesgo cardiovascular en las oscilaciones frecuentes de peso respecto al exceso de peso estable.
Los adipocitos se forman hasta los 6 años. A partir de esa edad, lo que hacen es aumentar de tamaño. Es decir, si en la infancia se crean muchos adipocitos para crear reservas energéticas, entonces, de mayores resultará muy fácil acumular grasa en estas células pues habrá muchas disponibles. Si por el contrario, el niño tiene pocas células adipocitarias entonces, no le resultará tan fácil guardarse la energía sobrante en forma de grasa, el cuerpo tiene una mayor resistencia a engordar.
El efecto rebote tiene más posibilidades de aparecer si hubo una obesidad temprana. Por ello, la educación alimentaria debe aparecer desde la más tierna infancia. Pero, para no crear obsesiones alimentarias (trastornos de comportamiento alimentario) hay que decir que, el objetivo no es que no engorden sinó que crezcan en un contexto de alimentación (y vida) sana y equilibrada.
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